Me entiendes, te entiendo, nos entendemos…a veces si a veces no....
Hace muchos años, de esos que cuando alguien te pregunta desde cuando, nos provoca una exclamación parecida al aullido de un lobo, que mi hermano me decía que no se debe preguntar a alguien aquello de:
¿Me entiendes? Que lo correcto es preguntar: ¿Me explico bien?
Considero que aunque esta es una frase protocolar tenía y sigue teniendo razón.
Ahora bien, sucede que a veces, por más que trato de ser explicito y de escribir cosas que sean fácilmente comprensibles, no logro comunicar el sentido de lo que quiero expresar, lo que se manifiesta por las reacciones de algunos de los que leen mis escritos, desde un punto de vista totalmente subjetivo, especialmente los más allegados a mí
En mi afán de hacerme comprender, analizo mis escritos en varias ocasiones. Aparte de mínimos arreglos, muchas veces de estilo, llego a la conclusión de que lo que he dicho lo dije bien, y es exactamente lo que quería decir.
Esta conclusión me plantea una situación muy especial con respecto a la ética de la pregunta que mi hermano me critico hace mucho tiempo.
“¿Me entiendes?”
En ciertos casos no creo que haya lugar para cuestionar si me he explicado correctamente o no.
Pues considero que ciertas críticas o reacciones son erróneas y se trata más bien de interpretaciones de quien lee, que no me ha comprendido y por tanto es un problema suyo y no mío.
La comprensión, el entendimiento entre las personas se debe mucho al uso de un lenguaje común, la compatibilidad mutua y el dominio del tema de que se esté tratando.
Por ejemplo en el filme “Antes que anochezca”, referido a la vida de Reinaldo Arenas, escritor cubano, homosexual, hay una escena donde el actor Javier Barden, representando a Reinaldo Arenas, abre la puerta de refrigerador y dice:
“Esta es una compota de papaya, la única forma en que la soporto”
Para nosotros los cubanos que llamamos “papaya” al órgano genital femenino externo, y conocemos la orientación sexual de Arenas en la vida real, la frase tiene un sentido que va mucho más allá del simple contexto en que es pronunciada. Para nosotros los cubanos es un mensaje humorístico, casi subliminal, de sus preferencias sexuales. Para un extranjero no informado de la denominación popular cubana del órgano genital femenino, es una frase banal y sin importancia referida a las preferencias alimentarias del personaje. –
Hay factores que hacen muy difícil la comunicación entre los individuos, aun más difícil de lo que naturalmente es, entre ellos las diferencias conceptuales en el enfoque de una situación, sobre todo si el tema implica creencias o valores aparentemente no coincidentes.
Se necesita mucha objetividad para comprender el sentido del otro para aceptar afirmaciones o conceptos sobre hechos u opiniones diferente, sin que esta no sea matizada por las creencias del individuo, su subjetividad, que generalmente implica el fanatismo o el dogmatismo que obnubila la compresión de lo que el otro quiso manifestar.
Recién llegado al exilio me encontraba en New York de visita, cuando en horas de la madrugada, viajando en dirección a la terminal de trenes para regresar a Montreal, mi acompañante hizo un comentario admirando a cierto escritor y yo sencillamente le dije que no me agradaba su estilo y que no lo creía muy sincero en lo que decía, resultando que me vi atacado con una furia inusitada, donde lo menos que me dijeron fue que “en Cuba los comunistas me habían comido el cerebro”
Años después supe que yo había sufrido una confusión de nombre con el autor de marras, pues recién llegado de la Isla realmente no conocía al personaje de que me hablaban ni del “prestigio” que gozaba entre la gente común. Comprendí mi error pero nunca me disculpe pues realmente estimo que no merecía el ataque de que había sido víctima por determinada preferencia literaria. Una muestra de lo que anteriormente he señalado.
En mi criterio muy personal no basta con conocer el alfabeto y gustar de la lectura, es necesario saber leer desapasionadamente y objetivamente lo que ha expuesto quien escribe.
Durante casi 23 años mi trabajo diario fue hacer más compresiva la escritura de algunos autores de radio y televisión sin preferencias ni gustos personales sino con objetividad y respeto para la obra.
No niego, pues sería pretencioso hacerlo, que yo también, a pesar de mi experiencia, no haya caído en ese defecto de la comunicación, pero pienso además que aparte del dominio del tema se requiere un cierto nivel cultural para poder valora algo que se lee, para comprender que donde muchas veces se puede concluir, determinar una falta de coherencia o contradicción en lo expuesto, en realidad hay un contra sentido, un calificativo, una ironía para poner de relieve algo que es totalmente diferente a lo que se dice.
En uno de mis recientes escritos decía que alguien con “su gran generosidad” había perdonado a quienes lo habían calificado de algo y con “su dialéctica” los había convertido posteriormente en sus más allegados colaboradores.
En ese contexto trataba de demostrar la hipocresía y el oportunismo de la misma persona que calificaba de “generoso, y dialectico”, es decir la componenda política , sin principios ni respeto a ningún tipo de ideal, solamente guiado por el interés de controlar y mantener el poder haciendo las concesiones que fuera necesario hacer.
En mi caso particular, que es de lo que se trata aquí, creo que en general mis escritos son muy sencillos y nada pretenciosos ni con niveles culturales extraordinarios, pues de ser así, para corregirme, tendría que aplicarme aquella frase de un ilustre filosofo griego que dijo “Solo sé que no sé nada”
Estoy convencido de que tengo mucho que aprender, y busco sin detenerme la fuente donde pueda beber ese conocimiento que deseo poseer
La subjetividad del individuo siempre la describo a través de un ejemplo muy sencillo.
Cuando poseemos una imagen ideal de la persona que deseamos conocer, para unir nuestras vidas, y sucede que conocemos a alguien que nos agrada, pensamos que esa persona es ese ideal que hemos creado internamente. Cuando comprendemos que no es así, sencillamente nos frustramos, pero no tanto por culpa de la persona, sino por nosotros mismos que hemos identificado nuestros deseos con una realidad que no existía.
Hay personas que cuando razonan se olvidan que los demás seres humanos también lo hacen y caen en lo que se llama filosóficamente solipsismo, un proceso psíquico en el que se piensa que la verdad comienza y finaliza en el marco y de los límites de la conciencia individual, donde los demás no interesan porque sencillamente están equivocados, sin comprender que la verdad, sea absoluta o no, puede tener muchas facetas, y que todos las exponemos partiendo de nuestras propias experiencias e interpretaciones sin necesidad de sufrir de falta de cordura mental o ser incoherente..
Muchos quieren leer lo que quisieran que el autor escribiera de la forma en que ellos lo dirían, pero no es así, cada uno posee su librito para expresar sus ideas, y por eso creo que a pesar de las criticas, algunas bien merecidas, no cambiare mi forma ni los principios que me inspiran cuando escribo.
Quien quiera criticar que venga a mi web y escriba y diga aquí lo que piensa y con mucho gusto le contestare:
¿Me entiendes? ¡Perdón hermano! ¿Me he explicado bien?
Notas:
1. Solipsismo, del latín "[ego] solus ipse" (traducible de forma aproximada como "solamente yo existo") es la creencia metafísica de que lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de su propia mente, y la realidad que aparentemente le rodea es incognoscible y puede no ser más que parte de los estados mentales del propio yo. De esta forma, todos los objetos, personas, etc., que uno experimenta serían meramente emanaciones de su mente y, por lo tanto, la única cosa de la que podría tener seguridad es de la existencia de sí mismo.
2. El Monólogo de Segismundo de la tragedia La vida es sueño (estrenada en 1635), de Calderón de la Barca refleja igualmente el pensamiento solipsista cuando el protagonista, Segismundo, encerrado desde que nació en una torre, se pregunta si es real el mundo que ve a través de la ventana y si esta vida en realidad no es más que un sueño.
¿Me entiendes? Que lo correcto es preguntar: ¿Me explico bien?
Considero que aunque esta es una frase protocolar tenía y sigue teniendo razón.
Ahora bien, sucede que a veces, por más que trato de ser explicito y de escribir cosas que sean fácilmente comprensibles, no logro comunicar el sentido de lo que quiero expresar, lo que se manifiesta por las reacciones de algunos de los que leen mis escritos, desde un punto de vista totalmente subjetivo, especialmente los más allegados a mí
En mi afán de hacerme comprender, analizo mis escritos en varias ocasiones. Aparte de mínimos arreglos, muchas veces de estilo, llego a la conclusión de que lo que he dicho lo dije bien, y es exactamente lo que quería decir.
Esta conclusión me plantea una situación muy especial con respecto a la ética de la pregunta que mi hermano me critico hace mucho tiempo.
“¿Me entiendes?”
En ciertos casos no creo que haya lugar para cuestionar si me he explicado correctamente o no.
Pues considero que ciertas críticas o reacciones son erróneas y se trata más bien de interpretaciones de quien lee, que no me ha comprendido y por tanto es un problema suyo y no mío.
La comprensión, el entendimiento entre las personas se debe mucho al uso de un lenguaje común, la compatibilidad mutua y el dominio del tema de que se esté tratando.
Por ejemplo en el filme “Antes que anochezca”, referido a la vida de Reinaldo Arenas, escritor cubano, homosexual, hay una escena donde el actor Javier Barden, representando a Reinaldo Arenas, abre la puerta de refrigerador y dice:
“Esta es una compota de papaya, la única forma en que la soporto”
Para nosotros los cubanos que llamamos “papaya” al órgano genital femenino externo, y conocemos la orientación sexual de Arenas en la vida real, la frase tiene un sentido que va mucho más allá del simple contexto en que es pronunciada. Para nosotros los cubanos es un mensaje humorístico, casi subliminal, de sus preferencias sexuales. Para un extranjero no informado de la denominación popular cubana del órgano genital femenino, es una frase banal y sin importancia referida a las preferencias alimentarias del personaje. –
Hay factores que hacen muy difícil la comunicación entre los individuos, aun más difícil de lo que naturalmente es, entre ellos las diferencias conceptuales en el enfoque de una situación, sobre todo si el tema implica creencias o valores aparentemente no coincidentes.
Se necesita mucha objetividad para comprender el sentido del otro para aceptar afirmaciones o conceptos sobre hechos u opiniones diferente, sin que esta no sea matizada por las creencias del individuo, su subjetividad, que generalmente implica el fanatismo o el dogmatismo que obnubila la compresión de lo que el otro quiso manifestar.
Recién llegado al exilio me encontraba en New York de visita, cuando en horas de la madrugada, viajando en dirección a la terminal de trenes para regresar a Montreal, mi acompañante hizo un comentario admirando a cierto escritor y yo sencillamente le dije que no me agradaba su estilo y que no lo creía muy sincero en lo que decía, resultando que me vi atacado con una furia inusitada, donde lo menos que me dijeron fue que “en Cuba los comunistas me habían comido el cerebro”
Años después supe que yo había sufrido una confusión de nombre con el autor de marras, pues recién llegado de la Isla realmente no conocía al personaje de que me hablaban ni del “prestigio” que gozaba entre la gente común. Comprendí mi error pero nunca me disculpe pues realmente estimo que no merecía el ataque de que había sido víctima por determinada preferencia literaria. Una muestra de lo que anteriormente he señalado.
En mi criterio muy personal no basta con conocer el alfabeto y gustar de la lectura, es necesario saber leer desapasionadamente y objetivamente lo que ha expuesto quien escribe.
Durante casi 23 años mi trabajo diario fue hacer más compresiva la escritura de algunos autores de radio y televisión sin preferencias ni gustos personales sino con objetividad y respeto para la obra.
No niego, pues sería pretencioso hacerlo, que yo también, a pesar de mi experiencia, no haya caído en ese defecto de la comunicación, pero pienso además que aparte del dominio del tema se requiere un cierto nivel cultural para poder valora algo que se lee, para comprender que donde muchas veces se puede concluir, determinar una falta de coherencia o contradicción en lo expuesto, en realidad hay un contra sentido, un calificativo, una ironía para poner de relieve algo que es totalmente diferente a lo que se dice.
En uno de mis recientes escritos decía que alguien con “su gran generosidad” había perdonado a quienes lo habían calificado de algo y con “su dialéctica” los había convertido posteriormente en sus más allegados colaboradores.
En ese contexto trataba de demostrar la hipocresía y el oportunismo de la misma persona que calificaba de “generoso, y dialectico”, es decir la componenda política , sin principios ni respeto a ningún tipo de ideal, solamente guiado por el interés de controlar y mantener el poder haciendo las concesiones que fuera necesario hacer.
En mi caso particular, que es de lo que se trata aquí, creo que en general mis escritos son muy sencillos y nada pretenciosos ni con niveles culturales extraordinarios, pues de ser así, para corregirme, tendría que aplicarme aquella frase de un ilustre filosofo griego que dijo “Solo sé que no sé nada”
Estoy convencido de que tengo mucho que aprender, y busco sin detenerme la fuente donde pueda beber ese conocimiento que deseo poseer
La subjetividad del individuo siempre la describo a través de un ejemplo muy sencillo.
Cuando poseemos una imagen ideal de la persona que deseamos conocer, para unir nuestras vidas, y sucede que conocemos a alguien que nos agrada, pensamos que esa persona es ese ideal que hemos creado internamente. Cuando comprendemos que no es así, sencillamente nos frustramos, pero no tanto por culpa de la persona, sino por nosotros mismos que hemos identificado nuestros deseos con una realidad que no existía.
Hay personas que cuando razonan se olvidan que los demás seres humanos también lo hacen y caen en lo que se llama filosóficamente solipsismo, un proceso psíquico en el que se piensa que la verdad comienza y finaliza en el marco y de los límites de la conciencia individual, donde los demás no interesan porque sencillamente están equivocados, sin comprender que la verdad, sea absoluta o no, puede tener muchas facetas, y que todos las exponemos partiendo de nuestras propias experiencias e interpretaciones sin necesidad de sufrir de falta de cordura mental o ser incoherente..
Muchos quieren leer lo que quisieran que el autor escribiera de la forma en que ellos lo dirían, pero no es así, cada uno posee su librito para expresar sus ideas, y por eso creo que a pesar de las criticas, algunas bien merecidas, no cambiare mi forma ni los principios que me inspiran cuando escribo.
Quien quiera criticar que venga a mi web y escriba y diga aquí lo que piensa y con mucho gusto le contestare:
¿Me entiendes? ¡Perdón hermano! ¿Me he explicado bien?
Notas:
1. Solipsismo, del latín "[ego] solus ipse" (traducible de forma aproximada como "solamente yo existo") es la creencia metafísica de que lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de su propia mente, y la realidad que aparentemente le rodea es incognoscible y puede no ser más que parte de los estados mentales del propio yo. De esta forma, todos los objetos, personas, etc., que uno experimenta serían meramente emanaciones de su mente y, por lo tanto, la única cosa de la que podría tener seguridad es de la existencia de sí mismo.
2. El Monólogo de Segismundo de la tragedia La vida es sueño (estrenada en 1635), de Calderón de la Barca refleja igualmente el pensamiento solipsista cuando el protagonista, Segismundo, encerrado desde que nació en una torre, se pregunta si es real el mundo que ve a través de la ventana y si esta vida en realidad no es más que un sueño.
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